Diarrea y estreñimiento

 

Diarrea y estreñimientoALIMENTACIÓN DEL NIÑO CON DIARREA

Diarrea y estreñimiento

A lo largo de la historia, la diarrea ha sido una de las primeras causas de morbimortalidad en la infancia. En la mayoría de los casos, es la expresión de una inflamación gastrointestinal aguda (gastroenteritis) producida por una infección entérica. La gastroenteritis se manifiesta por un cuadro de diarrea (aumento en el número de deposiciones y/o disminución de su consistencia), con o sin signos y síntomas acompañantes, como náuseas, vómitos, fiebre o dolor abdominal. En nuestro medio los principales agentes etiológicos son los virus y, entre ellos, los rotavirus.

Pese a la mejora de las condiciones higiénicas y sanitarias, la diarrea aguda sigue siendo un motivo de morbilidad importante durante los primeros años de vida. En la evolución de la enfermedad se produjo un gran cambio con el descubrimiento, en la década de los sesenta, del proceso de transporte acoplado de glucosa y sodio en el intestino, que constituye la base científica para el desarrollo de la terapia de rehidratación oral. Esta terapia ha influido de forma drástica en la disminución de la mortalidad, y su efectividad ha conducido, asimismo, a un replanteamiento del manejo global de la diarrea y de su abordaje nutricional.

Complicaciones de la enfermedad

La diarrea aguda es más habitual en los primeros años de vida, siendo la mayoría de las infecciones intestinales autolimitadas y de corta duración. Sin embargo, en la primera infancia son más frecuentes las principales complicaciones de la enfermedad diarreica: la deshidratación y la afectación nutricional.

La deshidratación es fruto de la pérdida excesiva de líquidos y electrolitos a través de las deposiciones. Por su parte, la afectación nutricional es consecuencia de dos factores fundamentales implicados en estos procesos:

  • La disminución de la ingesta calórica, por la hiporexia y, sobre todo, por la restricción alimentaria. La práctica habitual ha sido limitar la ingesta oral y el tipo de alimentos ofrecidos. De hecho, a principios de los años ochenta tanto la Organización Mundial de la Salud (OMS) como la Academia Americana de Pediatría (AAP) recomendaban diluir la leche en el tratamiento de los niños pequeños con diarrea aguda. Una dieta utilizada durante muchos años en Estados Unidos fue la dieta BRAT, basada en el consumo exclusivo de plátanos, arroz, zumo de manzana y té, una pauta de alimentación claramente hipocalórica y deficitaria en minerales.
  • La posible malabsorción de nutrientes secundaria a la lesión intestinal, con una disminución del área absortiva y de la actividad de las disacaridasas. No obstante, los estudios de intervención en niños malnutridos han demostrado que los suplementos de energía y proteínas en la fase de recuperación de la diarrea llevan a una rápida ganancia de peso y recuperación nutricional. Esto confirma que es el aporte insuficiente, y no la lesión intestinal, el principal factor que limita la recuperación de peso después de la diarrea.

Tratamiento

El principal objetivo en el tratamiento de la diarrea aguda es la corrección de la deshidratación y, una vez realizada ésta, la recuperación nutricional. La eficacia de la rehidratación oral ha hecho que en los últimos años se modifique el manejo dietético de la diarrea.

Rehidratación

El método de elección es la rehidratación oral. La solución empleada debe seguir las recomendaciones establecidas por la Sociedad Europea de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica (ESPGHAN), la AAP y la OMS, no debiendo ser sustituida por algunas bebidas de uso común (bebidas isotónicas, bebidas gaseosas, jugos de frutas), que en general aportan unas mínimas cantidades de sodio y/o altas osmolaridades.

Tratamiento nutricional

Tradicionalmente, el tratamiento dietético de la diarrea aguda ha sido el “reposo intestinal”, para favorecer la recuperación de las alteraciones funcionales de la mucosa. Sin embargo, el tracto gastrointestinal tiene una gran capacidad de absorción de nutrientes y, aunque en la diarrea aguda sufra un proceso inflamatorio, mantiene suficiente capacidad para tolerar la alimentación. De hecho, el ayuno retrasa la reparación intestinal, observándose una menor actividad enzimática y una menor absorción de nutrientes.

Hasta hace muy poco, se han considerado como principales complicaciones de mantener la alimentación en la diarrea aguda:

  • La aparición de intolerancias alimentarias, sobre todo a la lactosa, por déficit de disacaridasas. Actualmente, existe evidencia suficiente de que la realimentación precoz conduce a una mejor recuperación del enterocito y mantiene la actividad de las disacaridasas. Desarrollo de sensibilizaciones alimentarias (por ejemplo, a las proteínas de la leche de vaca) por absorción de macromoléculas. Sin embargo, aunque la pérdida de la integridad de la mucosa intestinal favorece el aumento de la permeabilidad intestinal, se recupera en pocas semanas. Se ha demostrado que se restablece antes la función de barrera intestinal cuando se mantiene la nutrición enteral.

Por todo ello, se considera beneficiosa la realimentación precoz tras una fase de rehidratación rápida.

Tipos de alimentos que deben administrarse

Han de ser alimentos nutritivos, de fácil digestión y absorción, de sabor agradable, culturalmente aceptables y, sobre todo, carentes de efectos nocivos sobre el curso de la enfermedad. Los principales alimentos y nutrientes son la leche materna y las leches o fórmulas para lactantes en niños pequeños, y las dietas mixtas en niños mayores.

Lactancia materna

Los escasos estudios comparativos realizados sobre los efectos de la lactancia materna en la diarrea han demostrado una mejor evolución de la enfermedad en los pacientes en quienes se mantuvo la lactancia materna. A su menor osmolaridad, su mayor contenido en enzimas y la aportación de factores hormonales y antimicrobianos, se une la tendencia a amamantar de forma más frecuente y en cantidades más pequeñas que en la alimentación con fórmulas, lo que favorece una mejor tolerancia y absorción de los nutrientes. La evidencia científica disponible establece, pues, la necesidad de mantener la lactancia materna sin ninguna restricción en los niños con gastroenteritis.

Fórmula/leche para lactantes

Una práctica habitual ha sido realimentar con leches diluidas. La revisión sistemática de los estudios controlados que comparaban la evolución de niños con diarrea realimentados con leches sin diluir y la de niños realimentados con leches diluidas, concluye que la mayoría de los niños con diarrea aguda pueden ser realimentados con una leche sin diluir, añadido a la rehidratación oral y a la realimentación precoz.

Lactosa

Se ha comprobado que el déficit de lactasa adquirido en el curso de una diarrea en una gran mayoría de casos no se acompaña de síntomas de malabsorción. La intolerancia a la lactosa sólo sigue siendo un problema importante en países con altos índices de malnutrición infantil e infestación intestinal. En cambio, en nuestro medio ha pasado a ser una complicación relativamente rara en niños con gastroenteritis. En la actualidad, las fórmulas sin lactosa se pueden utilizar cuando la actividad lactásica esté disminuida y se observen signos o síntomas de malabsorción.

Dietas mixtas

En los niños mayores la alimentación incluye otros alimentos semisólidos o sólidos, también tradicionalmente retirados de la dieta en el tratamiento de la diarrea aguda. Se ha demostrado que la introducción de la alimentación completa adecuada para la edad del niño, frente a la reintroducción progresiva de los alimentos, se asocia a una mejor ganancia de peso y una menor duración de la diarrea. Deben evitarse los alimentos con alto contenido en azúcares elementales, que pueden empeorar la diarrea por su efecto osmótico. Los estudios clínicos comparativos sugieren que se toleran mejor ciertos alimentos, como los hidratos de carbono complejos (trigo, arroz, patatas, pan y cereales), las carnes magras, el yogur, las frutas y los vegetales. El arroz ha sido el alimento tradicionalmente utilizado en las dietas variadas en estos procesos, por la eficacia en la absorción de sus polímeros de glucosa y su efecto antisecretor, y porque además se trata de un alimento que suele estar disponible.

Micronutrientes

El zinc ha sido el principal micronutriente implicado en los procesos de diarrea. Se ha demostrado que en los países en vías de desarrollo la suplementación con zinc reduce de forma significativa la gravedad de la diarrea en niños y disminuye los episodios posteriores de diarrea. No está claro su mecanismo de acción, aunque parece que favorece el efecto inmunológico y la recuperación epitelial. En la actualidad, la OMS recomienda el tratamiento con zinc de todos los niños con diarrea en los países en vías de desarrollo.

Probióticos

En los últimos años los probióticos han surgido como un nuevo elemento en la prevención y el tratamiento de la diarrea infecciosa. La base racional para su uso es que los probióticos modifican la composición de la flora colónica y actúan contra los agentes enteropatógenos.

La revisión de los estudios realizados en los últimos años para establecer el efecto de los probióticos en el tratamiento de la diarrea aguda infecciosa muestra un beneficio clínico moderado de algunos probióticos en el tratamiento de la diarrea aguda acuosa, principalmente por rotavirus y en lactantes y niños pequeños. Este efecto depende de la cepa (los más efectivos son Lactobacillus GG, Saccharomyces boulardii y Bifidobacterium lactis), así como de la dosis (hasta 1010 unidades formadoras de colonias, UFC). Los probióticos no son útiles en la diarrea invasiva bacteriana. Son más efectivos administrados de forma precoz y en niños de países desarrollados.

Tratamiento farmacológico

En general no está indicado el empleo de agentes farmacológicos. Los fármacos antidiarreicos, como los inhibidores de la motilidad intestinal (loperamida y otros opiáceos y anticolinérgicos), los modificadores de la secreción intestinal (sales de bismuto) y las sustancias adsorbentes (colesterimina, sales de aluminio), no están indicados en la edad pediátrica por no haberse demostrado su eficacia y/o por la existencia de importantes efectos secundarios.

Se considera la eficacia del racecadotrilo en el tratamiento sintomático de la diarrea, siempre asociado a la rehidratación oral, así como la utilidad en algunos casos de vómitos intensos de ondansetrón, que puede ser efectivo al disminuir los vómitos y limitar el ingreso hospitalario.

La utilización de antibióticos sólo estaría justificada en la gastroenteritis bacteriana para determinados patógenos o situaciones clínicas:

  • Todos los casos de diarrea aguda por Shigella y la mayoría de los producidos por Escherichia coli enteroinvasiva y enteropatógena, Clostridium difficile, Giardia lamblia o Vibrio cholerae.
  • Algunos casos de infección por Campylobacter, sobre todo si el tratamiento es precoz, por Yersinia en casos de enfermedad grave y por Salmonella en in munocomprometidos y en todo paciente menor de 3 meses.
  • Infecciones extraintestinales (bacteriemia o infecciones focales).

Recomendaciones actuales y conclusiones

La ESPGHAN estableció, para el manejo de los niños europeos con gastroenteritis aguda, las guías para la composición óptima de las soluciones de rehidratación oral y, posteriormente, las recomendaciones para la alimentación en la gastroenteritis aguda infantil. Estas recomendaciones fueron sintetizadas en 2001 como los seis pilares fundamentales del tratamiento correcto de la gastroenteritis aguda.

En 2008 se dieron a conocer unas nuevas guías para el manejo de la gastroenteritis aguda, basadas en la evidencia y elaboradas de forma conjunta con la Sociedad Europea de Enfermedades Infecciosas Pediátricas (ESPID). Estas guías refrendan las anteriores recomendaciones sobre la rehidratación como base del tratamiento e incorporan la recomendación de la vacunación antirrotavirus para todos los niños europeos (tabla 1).

Tabla 1. Guías para el tratamiento de la gastroenteritis aguda (ESPGHAN, ESPID 2008)
1.    La gastroenteritis aguda es un problema muy frecuente en la infancia, sobre todo en los 3 primeros años de vida
2.    La intensidad de la gastroenteritis está relacionada con la etiología, siendo el rotavirus el responsable de la mayoría de casos graves
3.    La deshidratación es el signo clínico principal y por lo general refleja la intensidad de la enfermedad
4.    La hospitalización debe reservarse para aquellos casos en que sea preciso llevar a cabo procedimientos que sólo pueden efectuarse en ese medio
5.    Generalmente no es necesario el estudio microbiológico de las heces
6.    La rehidratación es el tratamiento fundamental, utilizando una solución de rehidratación oral hipoosmolar
7.    Debe mantenerse la alimentación habitual, que se reiniciará una vez realizada la rehidratación inicial
8.    No suele ser necesario el tratamiento farmacológico. Sin embargo, algunos probióticos pueden disminuir la duración de los síntomas
9.    No debe utilizarse tratamiento antibiótico, salvo para determinados patógenos o situaciones clínicas
10.  Se recomienda la vacunación frente a rotavirus en todos los niños europeos

 

La AAP adoptó las guías nacionales de manejo de la diarrea infantil establecidas por un equipo de especialistas de los CDC (Centers for Disease Control) y actualizadas en 2003, reforzando el papel de las soluciones de rehidratación de baja osmolaridad, de la nutrición y del zinc.

En el año 2004, la OMS y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) realizaron una declaración conjunta sobre el tratamiento clínico de la diarrea aguda, aconsejando la utilización de sales de rehidratación oral con baja osmolaridad y la administración sistemática de suplementos de zinc a los niños con diarrea aguda en los países en desarrollo.

Resumiendo lo expuesto hasta aquí, y según la evidencia científica existente, las normas de actuación en la diarrea respecto a la alimentación en nuestro medio serían las siguientes:

  • Niños con diarrea y deshidratación: reintroducir la alimentación habitual tras la fase de rehidratación rápida (3-4 h).
    • En lactantes:

–Mantener la lactancia materna en todos los casos.

–En niños sin lactancia materna: no diluir la fórmula y utilizar la fórmula sin lactosa cuando la actividad lactásica esté disminuida y se observen signos o síntomas de malabsorción.

  • En niños mayores: reintroducir la alimentación completa adecuada para la edad.
  • Niños con diarrea sin deshidratación: mantener la alimentación habitual.

ALIMENTACIÓN DEL NIÑO CON ESTREÑIMIENTO

Introducción

Cualquier definición de estreñimiento en el niño posiblemente sea arbitraria, ya que depende de la percepción subjetiva del síntoma por parte del paciente y de sus padres. En principio, el estreñimiento sería un retraso o una dificultad en la defecación lo bastante importante como para ocasionar dolor o malestar en el paciente.

Los estudios realizados en los últimos años indican un aumento en la prevalencia de este problema, que se observa hasta casi en el 40% de la población pediátrica. Constituye una de las causas más comunes de consulta pediátrica en atención primaria y especializada, donde uno de cada cuatro niños aproximadamente es atendido por este síntoma.

Fisiopatología y criterios diagnósticos

En la mayoría de los casos se trata de un estreñimiento funcional. La causa más frecuente es la retención fecal, que consiste en el intento reiterado de evitar la defecación por miedo a ésta. Todavía no se conoce bien su fisiopatología.

En general, la incidencia de algún desencadenante (cambios dietéticos, fisura anal, infección perianal estreptocócica, control de esfínteres, procesos intercurrentes, dietas con bajo contenido en fibra, etc.), unido a una predisposición familiar, hace que se produzcan defecaciones dolorosas que llevan al niño a adoptar posturas estereotipadas de retención. Las heces se acumulan en el recto, con una pérdida progresiva de la sensación de defecación, y se vuelven duras, voluminosas y secas, cerrándose de este modo el círculo vicioso de defecación dolorosa-retención.

La incontinencia fecal se produce por la imposibilidad de controlar voluntariamente todo el volumen fecal acumulado en el recto, con lo que una parte de las heces se escapa por el ano. En el estreñimiento importante puede darse impactación fecal, con gran cantidad de heces en el recto o el abdomen que no pueden ser expulsadas.

El diagnóstico se basaría en los criterios establecidos en el contexto de los trastornos funcionales gastrointestinales pediátricos (criterios de Roma II y III), un conjunto de síntomas gastrointestinales crónicos y recurrentes no explicados por anomalías estructurales o bioquímicas.

Los criterios sobre el estreñimiento funcional han sido recientemente revisados en un intento de unificar la terminología mediante conceptos más claros. Se considera estreñimiento crónico la presencia de dos o más de las siguientes características durante al menos 8 semanas:

  • Menos de 3 deposiciones por semana.
  • Más de 1 episodio de incontinencia fecal por semana.
  • Heces voluminosas en el recto o masa abdominal palpable.
  • Deposiciones muy voluminosas, con riesgo de obstrucción del inodoro.
  • Posturas de retención o conductas de evitación de la defecación.
  • Defecaciones dolorosas.

Habitualmente, una buena historia clínica y una exploración física cuidadosa son suficientes para establecer el diagnóstico de estreñimiento funcional.

Tratamiento

Hace falta ofrecer una cuidadosa información inicial al paciente y a los padres sobre la fisiopatología del problema, su evolución relativamente buena y la importancia de cumplir el tratamiento. Es fundamental disminuir la carga emocional que conlleva esta patología.

En una primera fase, puede ser preciso realizar una desimpactación de la gran masa fecal retenida. En una segunda fase se abordan modificaciones del comportamiento, intervenciones dietéticas y uso de laxantes para asegurar una buena evacuación fecal. Se establecen hábitos sencillos para estimular la defecación, como sentarse en el inodoro después de las comidas o registrar en un diario el ritmo intestinal del paciente.

Intervenciones dietéticas

La principal recomendación en cuanto a hábitos alimentarios es establecer un consumo adecuado de fibra y líquidos en el marco de una dieta equilibrada, evitando el exceso de productos lácteos.

En niños pequeños, el estreñimiento puede ser una manifestación de intolerancia a las proteínas de la leche de vaca, aunque todavía no existen estudios que lo demuestren. A pesar de ello, algunos autores recomiendan realizar una prueba de eliminación de la leche de vaca en niños estreñidos que no respondan al tratamiento con laxantes y aumento de fibra en la dieta.

Fibra

La definición inicial de fibra era la de porción de alimento derivado de la pared celular de las plantas que no se digiere. Esta definición fue modificada y ampliada posteriormente, pues sólo incluía los polisacáridos y polímeros de la pared celular de las plantas. En la actualidad se consideran también otros componentes no digeribles de los alimentos vegetales, como el almidón resistente a la hidrólisis, los oligosacáridos no digeribles y otros compuestos que no son hidratos de carbono, e incluso hidratos de carbono no digeribles de origen animal.

Por ello, el equipo de expertos promovido por la Junta de Alimentación y Nutrición Americana estableció las definiciones de:

  • Fibra alimentaria: hidratos de carbono no digeribles y lignina, intrínsecos e intactos en las plantas, incluidos de forma natural en los alimentos.
  • Fibra funcional: hidratos de carbono no digeribles de plantas aislados y añadidos a los alimentos, hidratos de carbono animales (quitina) e hidratos de carbono producidos comercialmente (almidón resistente, polidextrosa, inulina y dextrinas no digeribles).

La fibra total sería la suma de la fibra alimentaria y la fibra funcional. Esta aproximación para definir los hidratos de carbono comestibles no digeribles reconoce la diversidad de hidratos de carbono presente en la alimentación humana, con flexibilidad para incorporar nuevas fuentes de fibra que se desarrollen en el futuro.

Los distintos componentes de la fibra alimentaria se han clasificado en tres grandes grupos: polisacáridos estructurales (celulosa, hemicelulosa y pectinas), polisacárido no estructurales (gomas y mucílagos) y compuestos estructurales que no son hidratos de carbono (lignina).

Además, por su correlación con los efectos fisiológicos, según su solubilidad en el agua, dentro de la fibra alimentaria se distingue entre fracción soluble y fracción insoluble:

  • La fracción soluble, fermentable o viscosa, está constituida por polisacáridos estructurales (pectinas y algunas hemicelulosas) y no estructurales (gomas y mucílagos) que se disuelven en el agua. Interviene en el metabolismo de la glucosa y de los lípidos. Causa un aumento de la salivación y una disminución del vaciamiento gástrico, del tránsito y de la absorción de nutrientes en el intestino delgado. Es fermentada por la microflora colónica produciendo ácidos grasos de cadena corta. Esta fermentación permite el mantenimiento y desarrollo de la flora intestinal y produce, además, gases que aumentan el bolo fecal.
  • La fibra insoluble, escasamente fermentable y no viscosa, incluye polisacáridos estructurales (celulosas y otras hemicelulosas) y compuestos estructurales que no son hidratos de carbono (lignina). Esta fracción no hidrolizable en el colon atraparía agua en la luz intestinal y actuaría como una esponja, lo que ocasionaría un aumento del bolo fecal y un incremento de la frecuencia de defecación por estimulación mecánica de la motilidad intestinal.

La interacción entre ambas fracciones es importante, pues la matriz constituida por la fibra insoluble facilitaría el contacto entre las bacterias y la porción soluble para su fermentación. La mayoría de los alimentos contienen una mezcla de fibra insoluble y soluble, constituyendo la porción soluble un 25-40% de la fibra total.

Los efectos fisiológicos del conjunto de la fibra alimentaria serían los siguientes:

  • Estimular la salivación y retrasar el vaciamiento gástrico, lo que aumentaría la sensación de saciedad.
  • Reducir la velocidad de absorción de nutrientes en el intestino.
  • Producir un aumento del bolo fecal y del peristaltismo, lo que reduciría el tiempo de tránsito intestinal.
  • Disminuir los niveles de colesterol unido a las lipoproteínas de baja densidad (LDL), a través de la menor absorción intestinal de lípidos, del secuestro de ácidos biliares y de inhibir la actividad de la enzima implicada en la síntesis del colesterol.
  • Aportar ácidos grasos de cadena corta, nutriente fundamental del colonocito, tras la fermentación colónica de la fibra soluble.
  • Hacer más lenta la absorción intestinal de la glucosa, con lo que se reduciría la glucemia postprandial.

Pese a los efectos fisiológicos de la fibra alimentaria, actualmente todavía no existe demasiada evidencia sobre el papel que desempeña en la prevención y el tratamiento del estreñimiento en niños. En adultos se ha evidenciado un efecto beneficioso de la fibra alimentaria, sobre todo de la fracción insoluble. Estudios realizados en Grecia y Brasil han demostrado un menor consumo de fibra en niños con estreñimiento que en niños no estreñidos. También se ha observado la eficacia parcial de los suplementos de fibra en niños con problemas neurológicos, y una mejor respuesta al tratamiento laxante en niños sanos, pero no se ha determinado su papel como desencadenante de este problema. Un estudio reciente, comparativo y doble ciego, llevado a cabo en Reus ha demostrado un acortamiento del tiempo de tránsito intestinal en niños estreñidos que han recibido suplementos de fibra en forma de cáscara de cacao.

Recomendaciones sobre el consumo de fibra (tabla 2).

Tabla 2. Recomendaciones sobre el consumo de fibra
  • Academia Americana de Pediatría (AAP) (1993): 0,5 g/kg/día
  • American Health Foundation (AHF) (1995)

–Consumo mínimo: edad en años + 5 (g/día)

–Consumo límite: edad en años + 10 (g/día) (3-18 años)

  • Instituto de Medicina Americano (2002): 14 g/1.000 kcal

–1-3 años: 19 g/día

–4-8 años: 25 g/día

–9-13 años

Niños: 31 g/día

Niñas: 26 g/día

–14-18 años

Niños: 38 g/día

Niñas: 26 g/día

 

La indicación actualmente más aceptada de consumo de fibra en la población pediátrica es la establecida por la American Health Foundation. Entre los 3 y los 20 años de edad, se recomienda una ingestión mínima equivalente a la edad del niño en años más 5 (gramos de fibra al día), con una cantidad límite de la edad en años más 10. El consumo de fibra se incrementaría así desde los 8 g/ día a los 3 años de edad a los 25 g/día a los 20 años. Se considera que una ingestión superior a 35 gramos podría implicar alteración en la absorción de algunos minerales. Para la aplicación de estas recomendaciones, es importante disponer de tablas con el contenido en fibra de los alimentos más habituales, que son de fácil comprensión para el paciente y la familia (tablas 3 y 4).

Tabla 3. Clasificación de los alimentos según su contenido en fibra
• Alimentos con alto contenido en fibra (>2 g/100 g de alimento)– Alcachofa– Apio– Brócoli– Col de Bruselas– Judía verde– Coliflor

– Hinojo

– Puerro

– Pimiento verde

– Cebolla

– Nabo

– Remolacha

– Zanahoria

– Tubérculos

– Legumbres

– Aceitunas

– Albaricoque

– Aguacate

– Ciruela

– Frambuesa

– Fresa

– Higo

– Kiwi

– Limón

– Manzana

– Membrillo

– Mora

– Naranja

– Pera

– Plátano

– Fruta desecada

– Frutos secos

– Salvado de trigo (All Bran)

– Arroz integral

– Pan integral

– Pasta integral

• Alimentos con un contenido en fibra <2 g/100 g de alimento– Acelga– Achicoria– Berro– Champiñón– Escarola– Espárrago

– Espinaca

– Lechuga

– Berenjena

– Calabacín

– Calabaza

– Pepino

– Pimiento rojo

– Tomate

– Arándano

– Cereza

– Mandarina

– Melocotón

– Melón

– Piña

– Pomelo

– Sandía

– Uva

– Arroz blanco

– Pasta cocida

– Magdalena

• Alimentos sin fibra– Leche y derivados– Huevo– Carnes– Embutidos– Pescados– Mariscos

– Azúcar

– Grasas

– Condimentos

 

 

 

Tabla 4. Contenido en fibra de alimentos según la ración de consumo habitual

Alimentos

Ración o unidad

Gramos de fibra por ración o unidad

Cereales

Cereales para el desayuno

40 g

1.1

Pan blanco

Rebanada= 20 g

0.8

Pan integral

Rebanada= 20 g

1.8

Pan de molde blanco

Rebanada= 20 g

0.7

Pan de molde integral

Rebanada= 25 g

2.1

Verdura y hortalizas
Berenjena

4.0

Espinacas congeladas

6.4

Guisantes

150-200 g aprox.

10.0

Judías verdes

6.0

Patata

4.0

Legumbres
Judías blancas

16.8

Garbanzos

60-80 g

10.8

Lentejas

9.3

Frutas
Albaricoques

Unidad= 50 g

1.0

Cerezas

Ración= 175 g

3.5

Ciruelas

Unidad= 80-150 g

0.8-1.0

Fresas

Ración= 150 g

3.0

Kiwi

Unidad= 70-100 g

1.5-2.1

Mandarina

Unidad= 100-150 g

2.0-3.0

Manzana

Unidad= 180-200 g

3.6-4.0

Melocotón

Unidad= 200 g

2.0

Melón

Rodaja = 250 g

2.5

Naranja

Unidad= 200 g

4.0

Pera

Unidad= 150- 180 g

3.0-3.6

Plátano

Unidad= 120-170 g

3.6-5.1

Uvas

Unidad= 100-150 g

0.5-0.7

 

Esta indicación es similar a la establecida por la AAP, que aconseja ingerir 0,5 g/kg/día hasta los 10 años de edad, aunque la cantidad es menor para edades posteriores. Se recomienda que esta cantidad se alcance mediante el consumo de alimentos que aporten también minerales y vitaminas (frutas, verduras, legumbres y cereales), más que con suplementos de fibra purificados, y que, por sus propiedades, al menos el 30% de la fibra ingerida sea fibra soluble. Aunque no existen recomendaciones para menores de 2 años, en lactantes se indica a partir de los 6 meses una introducción progresiva de fibra alimentaria en forma de frutas y verduras.

En 2002, la Junta de Alimentación y Nutrición Americana estableció por primera vez recomendaciones sobre el consumo de fibra. Se basaron en los datos de adultos, en los que un aporte de 14 g/1.000 kcal disminuía el riesgo de enfermedad coronaria. Aplicando esa proporción al consumo medio de energía según la edad y el sexo, se obtienen las recomendaciones de fibra total (tabla 2).

Por su parte, la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC), en las Guías Alimentarias para la Población Española (2001), ha establecido dentro de los objetivos nutricionales el consumo de al menos 25 g de fibra diarios. Para ello, la Pirámide de la Dieta Saludable propuesta por la SENC aconseja el consumo diario de alimentos ricos en fibra y recomienda:

  • De 4 a 6 raciones diarias de alimentos como pan, arroz, cereales, pasta o patatas.
  • Al menos 5 raciones diarias de verduras o frutas.
  • De 2 a 3 raciones semanales de legumbres.

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